Manejo fotoperiodístico de actos de violencia

 18 04 13 Fotoperiodismo

“La fotografía en los conflictos bélicos tiene carga política. Nunca es neutra. Siempre es mensaje. Por eso, con diseño, se convierten en propaganda”. Esta fue una de las puntualizaciones que planteó Francesc Pujol, profesor de la Universidad de Navarra, quien a través de su cuenta en la red social Twitter @NewsReputation publicó sus puntos de vista sobre el tratamiento fotoperiodístico de actos violentos.

Su análisis lo realizó luego de que medios impresos españoles publicaran hasta en sus redes sociales, crudas imágenes de las víctimas del atentado ocurrido en Barcelona, España, el 17 de agosto de 2017.

En el caso de Ecuador, respecto a la crítica situación del equipo secuestrado de Diario El Comercio, ningún medio ha publicado las fotografías que presuntamente corresponden a los cadáveres del fotógrafo, periodista y el conductor, en el marco de la Ley Orgánica de Comunicación (LOC). Incluso, a través de las redes sociales se ha pedido sensibilidad y respeto por parte de sus amigos, colegas, familiares y ciudadanos en general.

Para Pujol, el debate no debe enfocarse en si hay que mostrar o no fotos de muertos o heridos, sino del sentido que generan las imágenes de personas fallecidas en un atentado. Por ejemplo, en el caso del atentado español, el hecho de publicar imágenes de fallecidos generó sentimientos de derrota.

“Mostrar a los muertos es mostrar la derrota en la batalla. Ellos fueron más fuertes; lo consiguieron, mataron a los nuestros. Esa imagen amplifica psicológicamente el poder de los terroristas. Los hace parecer gigantes, poderosos, casi indestructibles”. Por ello, la base del terrorismo es usar el dolor para provocar pánico en las víctimas.

Al analizar la cobertura mediática en 2014 sobre el Estado Islámico (ISIS por sus siglas en inglés), por ejemplo, el experto señaló que “las fotos de muertos no (tenían) interés informativo”. Los medios se cansaron de difundir imágenes de las atrocidades cometidas por ISIS.

Para el experto, hay quienes afirman que se debe mostrar la crueldad sin límite o que el mundo debe reaccionar. Pero, en el caso del Estado Islámico “lo que pasó fue justo lo contrario: terror, pánico, inacción. En ese verano ISIS conquistaron ciudad tras ciudad casi sin disparar, por terror de la población. Recuperarlas costó miles de vidas”, afirmó Pujol.

En consecuencia, alimentar el pavor no nos hace más fuertes. Paradójicamente querer ver el terror nos hace huir del terror, indicó el profesor.

Sin embargo, la narrativa construida por fotógrafos de guerra puede ayudar a sensibilizar a una población. Un claro ejemplo fue el caso de la crisis de refugiados que huían de Siria. La foto de Aylan, el niño muerto en la orilla del mar, cambió la percepción de los habitantes de las zonas a las que los refugiados llegaban.

Según una medición de Francesc Pujol, después de la fotografía de Aylan, los usuarios de la red social Twitter en España dejaron de llamarles migrantes (ilegales) y empezaron a llamarles refugiados.

Este ejemplo demuestra que la fotografía bien utilizada ayuda a generar empatía con el “otro”. Pero las imágenes que solo buscan aumentar las ventas, aumentar los “clics” no contribuyen a la formación del ciudadano, por el contrario lo altera y da poder al terrorista.


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